El día que la Oficina Española de Patentes y Marcas pueda registrar los sueños, no tendremos más remedio que sacar bandera blanca y pactar nuestra rendición. Sin embargo, aún queda mucho para eso. Y, mientras llega el momento, sigamos disfrutando de despertar por las mañanas con la resaca de ese sueño desconocido que se marchó suavemente dejándonos una sonrisa en la cara. Regocijémonos de esa idea que se contoneó seductora hasta que nuestra mente la hizo suya en un momento de lucidez. Saboreemos el placer de dejar en pausa la realidad para viajar por otros escenarios donde el protagonista somos nosotros. Alimentemos la imaginación en su lucha contra la responsabilidad. Amontonemos ideas locas junto a las de nuestros amigos en una charla a la luz de una copa de vino. Saludemos a aquellos especialistas en contaminar el aire con un “algún día…”.

Todos, en mayor o menor media, hemos disfrutado de “ese día”. De ese momento en el que haces el viaje soñado, en el que consigues un trabajo ansiado, en el que seduces a la persona que quieres, en el que apruebas ese examen, en el que cambias de jefe, en el que inventas algo, en el que creas tu empresa o en el que das la gran respuesta de tu vida. En definitiva, en ese día en que te conviertes en DUEÑO de tu SUEÑO.

Una propiedad que tiende a escaparse con lubricante facilidad en no pocas ocasiones. Un listón, sin embargo, que por muy alto que salte no siempre es imposible de alcanzar. Y es que, si bien el sueño tiene rostro de trabajo, esfuerzo, paciencia, desencanto, incredulidad, cuando la “s” se transforma en “d”, reluce el carmín del éxito, el rímel de la superación, los polvos de la autoconfianza, el colorete del regocijo y el brillo de las lágrimas del triunfo. Un maquillaje perfecto que impregna, imposible de disimular, un escenario del que eres protagonista.

Cosméticos que, por desgracia, no están al alcance de todo el mundo. La mayoría de nosotros, aun sin admitirlo muchas veces, somos millonarios en el reparto de fortuna. Cuánta gente en el mundo no tiene la posibilidad de llegar al día del examen, de probar el cosquilleo de un avión, de elegir el trabajo, de comprarse el coche deseado, de decidir cuántos hijos tener, de que le hablen siquiera de derechos universales, de vivir bajo su propio techo o de disponer de agua potable. Nosotros, afortunados, tenemos la mayoría de nuestras necesidades primarias cubiertas y nos podemos dar el lujo de soñar y perseguir ilusiones, metas, objetivos, pruebas, retos, desafíos.

Por supuesto que no todos los sueños se pueden cumplir ni todo depende solo de nosotros. Ahora bien, nunca llevaremos a cabo aquellos que desechemos desde el principio. Al menos, sigamos manteniendo la titularidad de la ilusión y del reto, no la regalemos tan fácilmente. La vida empezó a grabar y no hay tomas falsas… Si acaso, cortos guiones. Como los de este blog, que pretende contar los pequeños pasos que dan ilusiones y metas antes de convertirse en realidad. Y, sobre todo, abrir el plató a diálogos con aquellos que son dueños de sus sueños.

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